Comencé en septiembre 2012, como un medio terapéutico por mi recién maternidad, que no finalizó como hubiera soñado.
Recuerdo que fue una noche, luego de dormir al peque en su segundo día de estar en casa, cuando me decidí a crear mi propio blog e investigué tanto de WP.com como de Blogger, escogiendo el último porque me gustó que era (y es) completamente gratuito.
Fueron meses donde escribí mucho, de manera muy personal.
La plantilla era una de las básicas con modificaciones sencillas, gracias a tutoriales como los de Personalización de blogs, Oloblogger y Miss Lavanda.

Al poco tiempo me topé con un post 'apocalíptico' donde se afirmaba que tener un blog en Bloggger es un riesgo pues en cualquier momento cerraría, que todo lo perdería y que mi única opción de poseer mi propio contenido era en un servidor y WP.org
¿Te imaginas cómo suena esto para una madre cuya principal razón de escribir era dar a su hijo una visión de su vida según la perspectiva de mamá en el momento mismo que se realizaron sus hitos?
En fin, que desbocada como soy y con la sensación de haber errado todo el tiempo al escoger Blogger, localicé un hosting latino por el que pagué el año adelantado e incluía dominio personalizado.
La instalación de todo fue por mi cuenta, aunque me dieron guía paso a paso mediante su servicio de soporte y en contadas ocasiones debí darles acceso.
Comencé la migración, y comenzaron los dolores de cabeza.
Entre mover contenido, las constantes caídas de mi blog (algo que jamás pasó en Blogger) a pesar de contratar el pack más caro que me ofrecieron, la edición más sofisticada del tema, la necesidad de instalar plugins a diestra y siniestra algunos para funciones que ya Blogger poseía sin necesidad de agregar código, y toparme con el fiasco de que cuando ya más o menos tenía controlado el tema, llega una nueva actualización de CMS con la cuál algunos plugins dejaron de funcionar afectando mi sitio y su seguridad (hay hackeos a la orden del día en Wordpress).
Fue tanto, en tan poco tiempo, que la frecuencia en que escribía había disminuido pues pasaba más tiempo intentando solucionar y entender que disfrutando del escribir e incluso llegué a desistir en el blogging, al menos de la manera en que me lo querían vender, con sus enlaces de afiliados en el medio.
Hasta una mañana de abril de 2014, cuando jugando con mi niño y vi una de sus huellas tan bien hecha y perfecta que la quise enmarcar y agregar una mía, que sentí la inspiración de renovarme como un ave fénix y aposté por abrir un nuevo blog, en Blogger, plataforma que me ha hecho crecer y aprender.

Y como en mi transición temerosa hacia WP hasta cuenta Google había eliminado, tuve que empezar todo de cero. Ante los constantes reclamos a mi proveedor de hosting, rabiosamente había cancelado la cuenta a pesar de tener pagos 6 meses más, que no me devolvieron por cierto ni obtuve las copias de seguridad.
Por suerte, mi contenido lo conservaba, porque siempre fue mío, nunca de Google, tan sólo hay que tener la constancia de guardar copias de seguridad.
Así, en pocos clicks y con algo de trabajo, logré recrear este espacio, mi rinconcito online.
