Sin duda, y por mucho tiempo, esta frase ha sido mi tagline.
A nivel escolar cargué constantemente con grupos enteros, gratuitamente además, con tal de tener asegurada una buena nota.
De hecho, en las poquísimas ocasiones que delegué o no organicé y di seguimiento a las tareas, terminé con patéticas C o 4.0 de 5 como máximo, pero si sé que doy para más, cualquier resultado inferior es mediocridad.
Es que a veces era (y es) preferible hacer las cosas una misma, estar segura que serán hechas como esperas y los resultados los controlas, que esperanzarte a que alguien más lo haga someramente cercano a lo que tu harías.
Ya a nivel profesional era otra historia, no siempre estuve rodeada de gente capaz de hacer el mínimo de su trabajo, pero vamos que no le iba a hacer las cosas para que se ganara el salario de a gratis, mejor prescindir que cargar en esta ocasión y cómo agradecí la ayuda y apoyo de aquellos que tenían la misma visión empresarial y compromiso que yo y con quienes jamás tuve la necesidad de usar esa frase, ni ellos conmigo (sniffff, a veces extraño la sensación de poder).
Claro, a veces hay que delegar, que confiar porque si no nos absorbe el ritmo vertiginoso de la vida o se termina consumida en estrés por las recargas.
Como todo ser humano tengo mis deficiencias, como en la cocina o el planchado o el trato face to face, donde aprovecho y dejo que S., o quién sea más apto que yo, sea quién me diga: 'deja, que yo lo hago' y yo para nada me quejaré eh.
